Ok, después de ver Eragon todo el mundo está destrozando a Christopher Paolini por la evidente conexión de su novela con Star Wars y LOTR. Yo prefiero hacerlo a un lado porque no he leido el libro así que dejemos que la culpa por el mal rato recaiga en los productores, director y actores de esta cinta.
Es que está bien, uno puede usar elementos ya usados, ya lo dije la cultura se reinventa, pero tienes que saber hacerlo en forma coherente y no tratar a tu público como un hambriento consumidor de películas de fantasía. Ahí está el error o quizás el éxito si es que la película termina siendo taquillera.
Si pensaban que Hayden Christensen era malo actuando, Edward Speleers ya lo superó, el muchacho luce tremendamente ridículo en algunas escenas. Malkovich y Irons cumplen con sus actuaciones pero se les nota poco involucrados. Del resto ni hablar, Robert Carlyle en el papel de Durza da más risa que miedo. Quizás el único que se salva es Garrett Hedlund más por el potencial del personaje que interpreta que por otra cosa.
Los efectos no son nada del otro mundo y las batallas ya las hemos visto antes. Todo está tan mal que solo Saphira la dragona se deja querer desde su primera aparición. Quizás si le hubieran quitado los aburridos diálogos que tiene con Eragon habríamos tenido algo más rescatable.
Pero no, Eragon llega en un mal momento puesto que las películas de fantasía que vienen prometen ser más interesantes, lo más probable es que haya dejado un mal sabor de boca en muchos.