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Harry Potter and the Deathly Hallows

El tiempo dirá, más allá de los fanáticos, de las películas y de todo el hype que la rodea, si la obra de J.K. Rowling es importante dentro del género fantástico y la literatura en general. Pero para mí, a la 1:24 a.m. del 24 de Agosto, JKR sigue siendo una de mis autoras favoritas.

El ciclo se cerró hace unas semanas con el último libro de la saga de Harry Potter. Me cuesta creer todavía que algunos piensen que JKR escribe lo que escribe solo por ganar dinero, que algún giro argumental esté específicamente dirigido a vender más. Así que dejando de lado ese razonamiento absurdo concentrémonos en lo que ha sido Deathly Hallows.

En resumen ha sido durísimo, ha sido agotador, como lo han sido para mi los dos anteriores libros. Duro porque te golpea cuando menos lo esperas, agotador porque tienes todo el deseo de seguir pero hay que detenerse para tomar un poco de aliento, asimilar lo que sucede y luego seguir. No creo que haya “material de relleno” en la obra de JKR, hay errores sí, pero la historia ha sido contada de principio a fin con un estilo en ascenso. No solo los chicos de Hogwarts crecen, crece también la autora y gana solidez en su historia.

El final es perfecto, mientras que el epílogo cursi y muy telenovelero le quita un poco de gloria. No hace falta decir que es el último capítulo es el último y las páginas que vienen después no cuentan más que como notas adicionales para las enciclopedias. Es de todas maneras un alivio dar por terminada la historia, ha sido un viaje largo, que ha llevado años terminar y ahora uno puede saber que cualquiera sea el momento Harry, Ron y Hermione estarán dentro de esas páginas para compartir de nuevo sus aventuras. Pero por ahora se merecen un descanso, igual que JKR, igual que sus lectores incondicionales.